Ayer en una celebración familiar, mi cuñado nos contaba la broma que le gastó a mi cuñada. Le dijo
– ¿Sabes que Óscar ya levita? Se levanta un palmo del suelo.
Durante un momento se lo creyó y todos los demás se mearon de la risa.
No soy ningún maestro consumado ni yogui que levita, sino que sigo siendo un principiante en esto del yoga. Pero lo que sí soy es un padre de familia corriente y moliente que trabaja, enseñando a otras personas a cuidarse. Lógicamente cuando mi cuñado nos lo contó también me reí. Pero a continuación, en tono menos divertido, les dije a todos que el maestro de mi maestro, me estoy refiriendo a Krishnamacharya, con 70 años era capaz de parar el corazón. A lo que mi cuñado respondió con otro comentario ingenioso y todos nos reímos. Claro, parecía que yo mismo estaba siguiendo con la broma. Entonces añadí
-bueno, es verdad, parece inverosímil. Pero tengo un alumno que sufre de taquicardia y a través del pranayama (ejercicios de respiración) es capaz de controlar sus latidos en pocos minutos, pasando de 120 a 65 latidos por minuto.
Ya no hubo broma. Estaba hablando de una persona de a pie con una patología bastante común. Podía haber seguido enumerando casos de alumnos, con nombre y apellidos, pero decidí callarme.
Hoy me gustaría hablar de esos alumnos, que por algún motivo decidieron empezar a practicar yoga. No voy a dar nombres, aunque están muy orgullosos de lo que han conseguido y quieren que la gente lo sepa, por si a alguno le puede ayudar.
El primer caso fue el de una profesora de pilates con mucha experiencia, que tras años sufriendo una bradicardia severa y cuyo tratamiento pasaba por un marcapasos, descubrió que su trabajo la estaba matando. Con el yoga aprendió a “inspirar” y conocer la relación que tiene el corazón y otros parámetros fisiológicos con la respiración yóguica. En los más de 10 años de enfermedad, ninguno de los muchos cardiólogos que visitó dio con una solución que no fuera ponerse un marcapasos. Esto no la convencía, ya que era muy joven. Pero la historia cambió desde que descubrió la causa y la solución a su enfermedad crónica. Ahora me dice
– quiero dejar poco a poco de enseñar pilates y empezar a transmitir el yoga y todos sus beneficios a mis alumnos.
No lo tendrá difícil, porque ella es un vivo ejemplo.
Claro con estas historias personales uno empieza a tomarse el yoga más en serio como herramienta de transformación. Así que el día que una alumna me dijo que sufría de insomnio, no dudé en preguntarle por su día a día para ver qué estaba haciendo, ya que tampoco las pruebas y la medicación daban con la solución. Descubrimos en la primera charla, que lo que le producía el insomnio eran unas sesiones de duro entrenamiento de natación. Comenzó a seguir mis indicaciones, al poco tiempo dejó de venir a las clases por que se fue de vacaciones y a los tres meses me envió un mensaje para decirme.
– gracias Óscar por tus consejos, los he seguido y me he recuperado. Si vuelvo a estar mal volveré a yoga.
Hace unos meses volvió a pasar por un periodo de recaída causado por el estrés. Ella misma pudo darse cuenta de la situación y poner remedio y retomó las clases a practicar yoga. El yoga no es una solución definitiva, sino una práctica constante para la transformación de la vida de cada día a la que todos estamos maravillosamente sometidos.
Otro caso es el de una alumna que de la noche a la mañana se encontró en tratamiento, sin fuerzas para cuidar de sus dos hijas pequeñas y sin poder ayudar a su marido en las infinitas tareas de la casa. La visité, y le di unas pautas para que pudiera trabajar en casa a su ritmo. Pues ella intuía que practicando yoga de alguna manera concreta, se podría recuperar. En silencio y practicando ella solita salió adelante. Como me decía.
– Óscar, estaba todo el día tumbada en el sofá, viendo como mi marido se hacía cargo de todo, no podía ni levantarme, es una impotencia. Pero ahora cuando estoy tan cansada, empiezo a practicar yoga a mi ritmo y cuando termino me doy cuenta de que estoy recogiendo cosas en la cocina como si no me pasara nada.
Actualmente asiste de forma regular a las clases y para mi es un ejemplo de superación e inspiración constante.
El último caso es muy reciente. Hace un par de semanas estaba explicando en clase la postura sarvangasana. Una postura invertida donde la espalda se sujeta con las manos y la piernas se mantienen elevadas, descargando el peso de todo el cuerpo sobre los hombros. La alumna que elegí para la demostración quiso compartir algo con todos nosotros. Sufría de hipotiroidismo congénito, su madre y su hermana también lo sufren e incluso su abuela había fallecido a causa de un cáncer de garganta, el hipotiroidismo no se conocía entonces. Cuando esta alumna empezó a practicar yoga, hace ya 5 años, leyó que esa postura era buena para su enfermedad porque presionaba la glándula tiroidea y la ayudaba a regular su función. Recuerdo que me lo comentó por aquel entonces.
Continuó diciendo que desde entonces, en los análisis periódicos que le realizan cada seis meses, los indicadores de TSH y T4 se habían ido reduciendo, y que en el último han desaparecido. Estaba muy contenta, porque hasta dentro de un año no tendrá que volverse a hacer los análisis. Los nódulos no han desaparecido pero tampoco han aumentado de tamaño por lo que no tendrá que operarse de seguir todo así. Su glándula funciona y regula bien la secreción hormonal. Para la ciencia médica esto es muy raro, ya que con la edad y la menopausia se acentúa el hipotiroidismo, no se reduce y menos aún, retiran la medicación. Seguramente vayan apareciendo investigaciones científicas que corroboren lo que le ha sucedido en su caso con el yoga. Como ella misma dice.
me da igual lo que piensen los médicos que son reacios a creer en esto, incluso mi hermana se medica cada vez más, pero sigue con su vida sedentaria y no hace nada, ni siquiera lo intenta.
Yo desconocía toda esta historia personal, me alegro mucho por ella. Lo que sí sabía y he visto, es que ha venido a practicar todos los días, lloviese, helase o hiciera mucho calor, en navidades y todos los días la veía puntualmente en su esterilla lista para empezar a practicar. De manera que aunque lo parezca, no ha sido ningún milagro. Aunque nunca sepamos los factores que están ayudando a su enfermedad, lo que está claro es que el yoga es una práctica constante ante los cambios constantes de una vida que juega con nosotros.
Les he llamado para decirles de que iba a publicar esta entrada en el blog y todos me han coincidido en la respuesta.
– claro, cuéntalo que seguro que a mucha gente que esté en la misma situación les ayuda y estas cosas se desconocen.
Todos estos alumnos tienen en común las ganas de probar cosas nuevas y sobre todo mucha fuerza de voluntad. Porque la voluntad de la vida seguirá, queramos o no, pero por lo menos podemos intentarlo.











